Pueblos de la comarca de Antequera

Mollina, Humilladero y Fuente de Piedra
Alameda, Cuevas Bajas y Cuevas de San Marcos Campillos, Almargen y Sierra de Yeguas

La salida natural de Málaga hacia Sevilla atraviesa los campos de Mollina, Humilladero y Fuente de Piedra, pueblos aliados con el corazón de Andalucía, aunque cada uno de ellos aporta una visión particular de ese lazo geográfico. La afinidad con Antequera parece menos arraigada en Humilladero, en tanto que en Mollina y Fuente de Piedra existe otro tipo de coalición socio lógica. No obstante, el deseo de independencia está vivo y justificado en los tres pueblos y, aunque lo afrontan de maneras distintas, conservan el recelo característico de quienes padecieron dominaciones externas. La noblezaHornacina de la plaza Ochavada. Archidona antequerana las mantuvo sobre la propiedad de la tierra, tanto como para que en un pasado no muy lejano las tres poblaciones se mostrasen relativamente impenetrables. La autonomía municipal les llegó a estas poblaciones a la par que a Cuevas Bajas y Cuevas de San Marcos (Altas), en el si glo XIX, cuando cada una de ellas pudo comprarla. «La Corona -señala Domínguez Ortiz- accedía a estas peticiones para recabar fondos, no por una preocupación objetiva de justicia o buena administración. Si la ciudad matriz ofrecía más dinero, retenía la jurisdicción sobre aquella hija rebelde», que, en este caso, eran Mollina, Humilladero y Fuente de Piedra.

Humilladero sigue atada a la tierra; Mollina y Fuente de Piedra tienen, además, más salidas industriales, de momento. Los tres pueblos disfrutan de la tranquilidad y de la vida sencilla, rasgada, en otros tiempos, por la emigración. La dependencia ante- querana prácticamente está reducida a unos cuantos testimonios de menor importancia. La tierra se encuentra más repartida, se han reducido las grandes propiedades de antaño, aunque en Fuente de Piedra «quedan tres». Sin embargo, la agricultura, en general, sólo es un complemento de otras actividades económicas. La Autovía del 92, al mejorar las comunicaciones con Málaga, está también operando ciertas transformaciones en detrimento de Antequera. El juicio generalizado proclama que el tiempo que se invierte en ir a uno u otro lugar está compensado por «las ventajas comerciales de la capital», según Juan Anto nio Martín Benítez.

Al contrario que otros pueblos afectados por las nuevas vías de comunicación, aquellas que han separado el tráfico de las lindes vecinales, éstos pretenden sacar provecho de la A-92. La tesis institucional la pronuncian con categoría axiomática: «La carretera aportaba mucho ruido, mucho peligro y pocas nueces...», afirma Juan Francisco Gutiérrez Vilches. Aseguran que el tesón y la constancia es una de las principales características de estas poblaciones, situadas en un terreno casi llano, que siguen teniendo la actividad cinegética como uno de sus medios de vida.

La uniformidad arquitectónica que cabe esperar en las tres localidades está rota por unas diferencias socíoeconómicas que favorecen a Mollina. Sin embargo, tienen en común la saludable costumbre de recuperar los respectivos pueblos a través de su propia memoria, contándola con documentos diversos Santuario de la Virgen de Gracia. Archidona.y distintos. En Fuente de Piedra, por ejemplo, acaba de renacer el símbolo que dio nombre a la localidad, enterrado desde 1959. Los rasgos antropológicos de Humilladero figuran en la edición de una obra fotográfica titulada La sierra más verde. Los tres, entre sí, defienden sus peculiaridades, a veces aplicando la fórmula unamuniana de «con razón, sin razón...». De esa «alegre» reflexión se desprende una premisa unánime: la vida tiene sentido, bastante sentido, sean cuales sean las dificultades que presen te. La situación de paro es una de ellas, si bien, al menos en Mollina y Fuente de Piedra, no parece tan acuciante como en otras poblaciones malagueñas.

Uno de esos sentidos se fija en el devenir histórico de estos pueblos, con la búsqueda de soluciones colectivas a los problemas sociales. El cooperativismo agrario y la correspondiente transformación industrial camina hacia algo definitivo. Eso no evita que, como ocurre casi siempre, los sentidos renazcan del pasado, el mayor cultivador de los sentimientos. Al respecto, la unidad de Mollina y Humilladero es tan inextinguible como la suspicacia que provoca en los mollinatos. Los orígenes de Mollina se sitúan en Santillán, cortijo donde emergen restos de una antigua fortaleza. Santillán está en el término de Humilladero, pero en Mollina se apresuran a puntualizar, con acentuado rigon que el yacimiento arqueológico se encuentra en sus límites municipales. Un toque «mágico» en esta «confederación» de municipios del centro andaluz. La proximidad geográfica no impide que cada pueblo tenga detalles y matices que los definen y otorgan singular personalidad.

Instinto de continuidad

Alameda, Cuevas Bajas y Cuevas de San Marcos -junto con Campillos, Almargen y Sierra de Yeguas- son los pueblos malagueños más alejados del Mediterráneo, aquel que explica la provincia de Málaga. Los tres comparten un pasado salpicado de pleitos y conflictos con Antequera, la «capital» de la comarca. No existe en su memoria rencor de tipo alguno. Al contrario. El instinto de continuidad lo aportan peculiaridades como el carácter fronterizo y la hermandad geográfica del río Genil, el antiguo Singulís.Campillos. Comarca de Antequera. Málaga

En el término de Alameda hay un punto que permite jugar a rayuela con tres de las importantes provincias andaluzas. Con un solo paso, a un lado u otro, se puede cambiar de territorio provincial y administrativo. Ahora en Málaga, a la que pertenece desde 1833; después en Córdoba, y antes en Sevilla, con la que suspendió sus vínculos institucionales en 1959, al cesar la dependencia eclesiástica. Esa circunstancia geográfica ha dado a Alameda un perfil genesiaco que afecta incluso a la definición de su gentilicio. El oficial de lameatos es sustituido con relativa frecuencia por el de alamedanos, sin que las partes asuman con disgusto la lógica confusión del foráneo.

Todo eso forma parte de un determinado concepto de pueblo en el que no sobra nadie, si bien la emigración en Alameda, Cuevas Bajas y Cuevas de San Marcos es un factor económico imprescindible. De ahí que sean gentes acostumbradas a sufrir y a recordar; no olvidan fácilmente nada. La vida juega duro con ellos y ellos responden renovándola cada día. Más del 25 por 100 de los 1.523 habitantes de Cuevas Bajas se encuentra en edad escolar; el porcentaje es similar en Alameda y Cuevas de San Marcos, localidades las tres que ofrecen algunas de las poblaciones más jóvenes de la provincia de Málaga, de Andalucía en general.Cuevas de San Marcos. Comarca de Antequera. Málaga

El carácter fronterizo tiene otras peculiaridades. En Cuevas Bajas y Cuevas de San Marcos se expresan con acento cordobés, pero la duda ofende, son y se sienten malagueños por los cuatro costados. Entiéndase con exactitud: éstos no son pue blos de opereta que se defiendan en la vida con barricadas de tedio. En su quehacer cotidiano radican muchas pasiones internas, sin que ello suponga la ruptura con el silencio civilizado que caracteriza estas serranías de pino carrasco y matorral medite- rráneo.

La abundancia de caza y pesca le otorga una dimensión distinta a la calma que transmite la arquitectura labriega de estas poblaciones, en las que el predominio del olivar es constante y está convirtiéndose, poco a poco, en absoluto. El urbanismo prueba la inexistencia de notorias desigualdades sociales, quizás más patente en Alameda. El modelo de este pueblo sirve, no obstante, para definir la arquitectura tradicional del Norte de la provincia de Málaga. Dos tipos de casas se dan y distinguen la situación socioeconómica de sus dueños. La casa de labor de los propietarios de tierra y la familiar, propia de quienes carecen de posesiones. Los materiales de cons- trucción suelen ser los mismos, con la clásica diferencia de calidad y tamaño determinada por la aludida condición económica. Las plantas raras veces pasan de dos, a lo sumo tres, y en líneas generales forman la belleza externa de estas pobla ciones.

Las bellezas internas las enumeran atendiendo a detalles sobre los origenes y reputación de sus respectivos nombres. Las cuevas naturales, distribuidas por la accidentada orografía de la sierrecilla de Malhombre y las elevaciones del Chamorro, son las genuinas señas de identidad de Cuevas Bajas y Cuevas de San Marcos, antigua Cuevas Altas. Esa tenacidad vernácula se muestra con la lógica de la insistencia. La Dehesa de Belda estaba dividida en cuatro cortijos. La agrupación de La Mereda y Cedrón dio lugar a Cuevas Bajas; la de Pilar y Frailes, a Cuevas de San Marcos. La explicación es sencilla y exacta. La certeza de los puntos en común no evita las diferencias. Una de ellas es la altitud: 323 metros sobre el nivel del mar el primero de los pueblos citados; 426 metros el segundo. Alameda se eleva aún más, a los 430 metros.

Esa desigualdad es tan perceptible como la de sus vinculaciones extraterritoriales y burocráticas. El problema que comparten con otras poblaciones de la comarca es el siguiente; la dependencia histórica que proclaman es de Antequera, pero antiguas divisiones administrativas les ligan a Archidona. Sierra Carmona, cueveña (de Cuevas Bajas), sazona de ironía el comentario. «Las comunicaciones son mucho mejores con Antequera, y es allí donde queremos resolver nuestros asuntos. Pero algunos de ellos son competencia de Archidona, como los judiciales o el INEM. El sanitario es el más rocambolesco. Dependemos a medias de Archidona y de Antequera, según las espe- cialidades médicas a las que acudas.»

Estos son «enigmas» tan fronterizos como el de ese gracejo cordobés tan malagueño. Hay más. Cada pueblo, aunque pueda atravesarse a pie en cinco minutos, tiene muchas cosas para hacer y bastantes lugares para visitar. Desde curiosear por un sistema de riegos de arraigo árabe a dar un vistazo por los cerros de El Cuco y El Gordo, en El Juncal, u observar cómo una cantera ha ido comiéndose la estética del Monte Pico en Alameda. Un paseo tranquilo, sin ruidos. La gente es amable, pero, como cualquier otra, no desea ser molestada. Aspira a continuar la vida con la pausada cadencia del balneario romántico que debieron de suponer las termas romanas localizadas en el horizonte de Algaidas.

             Ciudad de Antequera           

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