Comarca  de la Axarquía  (Málaga)
Sus pueblos

Sensaciones de La Axarquía

Dentro de esa compleja geografía de la Axarquia, hay pueblos que gravitan más que otros. Esa gravitación no necesariamente guarda relación con el volumen del pueblo. Ahí está El Borge, con unos 1.200 habitantes, convertida en capital de la pasa moscatel. En otros casos, también cuenta el peso de la población, como Vélez, cabecera de una magnífica comarca de viñedos y olivos, con 53.000 habitantes, y Nerja, por supuesto. Por cierto, cuevas importantes, además de las que comparten Nerja y Rincón de la Victoria, las hayAlgarrobo en Canillas de Aceituno y Alcaucin.

Los axarqueños son pueblos en los que hay que estar y contemplarlos. No es suficiente pasar por ellos. Hay que detenerse en Macharaviaya para saber de naipes o en Cómpeta y Totalán de vinos. De aceite en Viñuela, Colmenar, Alfarnatejo, Alfarnate. Apréciese como ejemplo Algarrobo, con testimonios arqueológicos que se remontan al calcolitico, y patrimonios artísticos como los de Torrox, Frigiliana, Arenas, Salares o Archez. Tienen un ambiente distinto unos de otros, pese a esa vocación árabe que se adivina en Almáchar, Comares o en las plantaciones tropicales de Benamocarra, Iznate o Benamargosa. Sin embargo, establecen una relación de atractivos que impide marcharse de ellos como si tal cosa. En Moclinejo, Sedella, Sayalonga y Canillas de Albaida el prioritario, quizás, sea el de la Naturaleza.

ArenasEn la Axarquía siempre ha contado mucho hacer bien las cosas pues, de otra manera, no habrían podido asentar la fama internacional de su producción agrícola. Descartan las cuestiones inútiles y, cuidando el pasado, se preocupan de las cosas que pueden suceder. Los axarqueños sustentan la felicidad en la idea epicúrea de encontrar un equilibrio entre las necesidades y los medios para satisfacerlas. Otra forma más de emitir sus fuertes sensaciones.

Deserción de ambígüedades

Las tres localidades más orientales de Málaga contrarrestan las suspicacias de su filiación granadina con la explotación del elemento que mejor define desde hace tres décadas a la provincia: el turismo. En el triángulo compuesto por los términos de Torrox, Frigiliana y Nerja, se reproducen las tres modalidades principales de la actividad turística: sol y playa, naturaleza y aventura, y monumentalidad. Pero no sólo combinan referencias generales irreconciliables, sino que lo hacen ofreciendo de éstos la máxima calidad.

Frigiliana, el municipio situado más al Norte, aporta la cuota de tranquilidad, sencillez y armonía con un núcleo urbano que retrotrae al visitante a siglos pasados. No en vano, su casco antiguo es el barrio mudéjar mejor conservado de Andalucía, y todo el pueblo, en general, ha recibido varios galardones en premio a su belleza y estado de conservación. Frente a él, Nerja ejemplifica el esfuerzo por traer al Este el modelo de Costa del Sol occidental, aunque con notables diferencias. Es permanente el trasiego de visitantes, fundamentalmente extranjeros, que vienen a disfrutar de sus playas semivirgenes y su clima tropical propiciado por el murallón de Sierra Almijara.

El tercer vértice, Torrox, ha combinado ambas modalidades deslindando el pueblo, con su vida y actividad habituales, del derroche urbanístico que persigue al desarrollo. Torrox-Costa es su avanzadilla turística y económica, que no estética. Urbanizaciones cortadas siempre por un mismo y mimético patrón «a lo andaluz», se acercan más y más a la línea de playa, estrangulada siempre por la carretera que une Nerja con Torrox-Costa. Sin embargo, entre banco y banco, entre chiringuito y chiringuito, lo que en otras costas serian solares, aquí acogen cultivos de productos tropicales o extratempranos bajo plástico. La Axarquía conserva, gracias a ello, su apariencia, sin perderse el tren que le permita acceder al futuro. Y, mientras tanto, poblaciones como Maro, en el término nerjeño, mantienen los pies en la tierra para continuar vinculando con la más tradicional de las Axarquias a estas localidades con vocación cosmopolita.

Paradigma axarqueño

Una tercera parte de los pueblos que componen la comarca malagueña de la Axarquia se debaten entre las estribaciones orientales de los Montes de Málaga y la pista verde que describe el río Vélez en su camino al mar. Sus núcleos urbanos, la mayoría pequeños, se asientan en terrenos abruptos, lo que obliga a sus casas a encaramarse a los cerros y a sus calles a hacerse a base de recovecos y cuestas pinas. Las gentes que pueblan estas villas están acostumbradas a este paisaje urbano tanto como a vivir en el campo, casi único medio de vida existente en estos lares. Sus tierras, sin embargo, rompen la homogeneidad de esta subcomarca determinada por tan her- mosos accidentes naturales. En su interior, la agricultura más tradicional y la más moderna se dan cita, mezclándose a veces pacíficamente.

La pasa y el aguacate son los baluartes de ambas modalidades de cultivo y los representantes de dos sistemas de vida. Uno, anclado en el pasado, en las tareas invariablemente realizadas durante siglos. El segundo, como solución posible al decli- ve de los pueblos agrícolas que vieron, hace 120 años, cómo sus vides eran devoradas por la cruel filoxera. En todo caso, la agricultura, aunque apoyada en parcos resquicios de turismo rural, es la base fundamental de la economía lugareña, como lo es, en general, de toda la Axarquía. Precisamente por eso, es uno de estos pueblos, Benamocarra, la sede del Centro de Desarrollo Rural (CEDER) de la Axarquía. Esta entidad gestiona los fondos LEADER de la Unión Europea, que están actuando como singular elemento dinamizador de toda la comarca, no sólo en la cuestión agrícola, sino también en la conservación y promoción de sus costumbres y tradiciones. LaCómpeta frugalidad de su economía contrasta precisamente con la extraordinaria riqueza del acervo cultural de estos pueblos, en que el fervor y la pasión por el festejo ofrecen al forastero preciosas expresiones de folklore y sabiduría existencial.

La dualidad soterrada

Una línea recta, paralela a la Sierra Tejeda, engarza directamente a seis pueblos, comunicados por carretera también de la misma forma lineal. Se trata de Canillas de Aceituno, Sedella, Salares, Archez, Canillas de Albaida y Cómpeta, éste último ya en las estribaciones de la Sierra Almijara. Como si de un dispositivo eléctrico se tratara, los principales polos de atracción de este trazo son precisamente sus extremos, los dos municipios más poblados, con más de 2.500 habitantes.

En el extremo más occidental, Canillas de Albaida representa la más fiel tradición mudéjar de la Sierra Tejeda. Un pueblo plagado de ancestrales tradiciones pero que también ha sabido plantarle cara al futuro con el desarrollo de industrias y comercios alternativos a la decadente agricultura. Por contra, Cómpeta sigue viviendo del campo y de una industria agroalimentaria añeja pero renovada. Las bodegas del pueblo apenas necesitan una marca de comercialización, porque la mejor promoción posible es el título de «vino de Cómpeta».

Probablemente, si estos dos pueblos fueran vecinos la rivalidad seria el pan nuestro de cada día. La distancia ha evitado tal conflicto de filosofías de vida. Sin embargo, los municipios próximos se mueven de forma variable entre las dos órbitas. No se trata de las relaciones administrativas, que se tienen todas con Vélez-Málaga o con Torrox, en el caso de Cómpeta; sino de las comerciales y económicas en general. Estas últimas son, de hecho, las principales conformadoras de las formas de vida de cada pueblo.

Así, la herencia mudéjar en los edificios se extiende desde Canillas de Aceituno hasta Archez, pasando por Sedella y Salares. Sin embargo, Archez e incluso Sedella también se encuen tran vinculados con Cómpeta a través de la tradicional producción de vinos, porque la de uvas pasas está totalmente generalizada en la comarca de la Axarquia. Todos ellos comparten un trazado urbano típicamente islámico, donde las casas se agolpan en pendientes inverosímiles y las calles nacen casi por casualidad, con escalinatas y estrecheces que las hacen absolutamente inaccesibles para el tráfico rodado.

Trilogía de la esperanza

El puente de Don Manuel es el nexo de un triángulo evidente en sus comunicaciones, pero difuso en el devenir de la Historia. La aldea y el mismo puente de Don Manuel pertenecen jurisdiccionalmente al municipio de Alcaucín, pero es el cruce de caminos por el que se interrelacionan tres localidades axarqueñas: la misma Alcaucín, Periana y Viñuela. Son tierras espaciadas, de montes y olivares, a los pies de la Sierra Tejeda, con aires de Alta Axarquia. Sin embargo, las tres localidades permanecen encadenadas a Vélez-Málaga por una trama de relaciones comerciales y administrativas, y también por el sabor acuoso de una esperanza, la que se deriva del embalse de la Viñuela.

Pantano de la ViñuelaPeriana, Viñuela y Alcaucin se engarzan dentro de la denominada Ruta del Aceite y los Montes, diseñada para la promoción turística de la zona. Junto a ellos, los cuatro municipios alto-axarqueños: Alfarnate, Alfanatejo, Colmenar y Riogordo. Y es realmente cierta esta dedicación del susodicho trío de pueblos al olivar, en mucha mayor medida que sus vecinos del sur y el este. Tanto es así que las almazaras de Periana tienen fama de producir el mejor aceite de oliva de la Axarquia, un tópico matizado desde Alcaucín y Viñuela. Sin embargo, no es menos cierto que en los tres pueblos se presiente cierto desengaño de la agricultura de secano, por los pocos jornales que aporta, y alguna desconfianza a que el turismo rural sea la panacea. La recogida del tomate en los llanos de Zafarraya, en Granada, proporciona jornales a éstos pueblos axarqueños.

En esta tesitura, gran parte de la esperanza de estos tres municipios se deposita en el novísimo embalse de la Viñuela, que funciona desde 1988. Tanto Periana como Alcaucin y, cómo no, Viñuela limitan en su término municipal con el referido embalse e incluso, en el caso de Viñuela, gran parte de las antiguas tierras de labor están inundadas por el mismo. Ello provoca el consecuente «cuaderno de quejas» porque, según los viñoleros, «hasta ahora el embalse sólo nos ha traído perjuicios». La deuda esperan cobrarla en forma de canalizaciones para la puesta en regadíos de terrenos, una de las expectativas económicas que provoca más esperanzas entre los vecinos de los tres pueblos.