AZUFAIFO

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Ya en julio aparecieron flores en un arbusto fuertemente armado que sirve de refugio excepcional para pájaros y conejos en el campo   o se cultiva para disfrutar de su dulce fruto comestible, del tamaño parecido a una aceituna. El Ziziphzus jujuba es hermano de otras especies que llegaron a A dalucia hace ya mucho tiempo desde la zona sahariano-arábiga.

Sus exportadores debieron considerar la especial resistencia del azufaifo a los ambientes áridos y escasos de humedad, donde es capaz de vivir y desarrollarse por sorprendente que párezca. La posibilidad de comerse sus frutos debió ser el motivo principal de esta emigración obligada haciá estas latitudes.   En Almería, donde se le conoce muy bien, se puede hallar incluso en el desierto de Tabernas con el apellido Lotus. Además, áparece cultivado en el entorno humanizado del medio rural. El arbusto llega a alcanzar los dos metros y medio de altura, sus ramas de color gris crecen en zigzag.

Sus hojas, que no son perennes, abandonan la densa ramificación en la que se aprecian unos fuertes pinchos fruto de su adaptación natural para protegerse de los animales herbívoros. Las flores, de un color verdoso amarillento, surgen en grupos para dar lugar al fruto cuya consistencia exterior recuerda a la textura harinosa.
Estos frutos se recoleccionan a finales de septiembre y octubre que se oscurecen cuando están maduros y su tamaño depende directamente de la humedad que haya tenido la planta, si bien son má dulces los frutos que de secano que los que se les ha dado algún riego en el verano. En Granada era hace tiempo una fruta típica de la feria de las Angustias y de San Miguel que se vendía en puestos en la plaza Bib-Rambla y Puerta Real.

JOSÉ RAMÓN GONZÁLEZ PAN          

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